El Molino


El Molino (0,8 km)

El molino harinero de Ojós, junto a los dados en Ricote y Blanca, es mencionado en el año 1494 como parte importante de las rentas que percibía la encomienda santiaguista de Ricote, ya que, por aquel entonces, su vecindario tenía la obligación de realizar la molienda en él. De las posteriores visitas santiaguistas se conoce que el edificio era pequeño, estando localizado bajo la villa de Ojós. Disponía de una única piedra, cuyo rodezno era movido con el agua de la Acequia de Ojós y Villanueva, previo almacenaje en un cubo. Esta misma estampa se registra a mediados del siglo XVIII en el Catastro de Ensenada (1761): «un molino arinero, de una piedra situado en la huerta de avajo, tiene seis varas de frente (5,01 metros) y diez de fondo (8,36 m), muele con agua de la zequia». El molino harinero perduró en el tiempo más de un siglo, hasta que fue transformado en molino de picar esparto, tal como se documenta durante la primera mitad del siglo XX. El edificio, ya en desuso, se mantuvo en pie hasta bien entrada la década de 1980, cuando la obra de entubamiento de la acequia madre en este sector trajo consigo su destrucción.

Junto a los restos del molino.
En el año 2008 se realizó una excavación arqueológica en el derruido molino, registrándose los vestigios de dos instalaciones molinares que se suceden en el tiempo. Del primitivo molino tan sólo se puede relacionar un tramo de canalización de considerable pendiente por donde caía el agua procedente de la acequia madre hacia el rodete. Otros elementos del molino harinero, como fragmentos de muelas, fueron reutilizados para confeccionar la solera del molino de picar esparto a finales del siglo XIX o en los albores del XX. El edificio fabril quedaba dividido en varias estancias: obrador, almacén, patio, porche e infraestructuras hidráulicas. En el obrador se identifican los tres batanes empleados para el picado del esparto, con la finalidad de dividir y separar las fibras para ser elaboradas con posterioridad. Este trabajo lo desempeñaban seis mujeres dispuestas en parejas, cada una sentada delante de un par de mazos y con las piernas introducidas en un hueco rectangular. Las denominadas «picaoras» colocaban los haces de esparto bajo los mazos que, alternativamente, golpeaban en una piedra. Cuando salían a respirar aire puro del molino, estas mujeres podían contemplar el bello paisaje dominado por Las Coberteras.

Texto: Jesús Joaquín López Moreno.
Fotografía: Héctor M. Quijada Guillamón.


Las Coberteras
El Segura discurre pacífico por el corazón del Valle de Ricote y, sin embargo, es posible observar, a trechos, la violencia de las aguas tallando los relieves que se oponen a su marcha. Fruto de esta violencia de millones de años son los magníficos paisajes creados en el Estrecho del Solvente o el Salto de la Novia. Pero no sólo estos parajes son merecedores de atención. Otros muchos rincones ofrecen la posibilidad de comprender el complejo devenir de sucesos minerales, origen de la belleza del medio físico actual. Es el caso del lugar denominado "Las Coberteras" en Ojós.

Las Coberteras y los restos del molino.
Junto a la carretera RM-520 y dominando el pago de El Molino, son evidentes unas geoformas que no pasan desapercibidas. Están constituidas por algunos de los materiales más antiguos del valle, formando inconsistentes muros de arcillas rojizas, verdosas y ocres, salpicadas por cristales de yeso y sal, que alcanzan varias decenas de metros. Estas lutitas y evaporitas, cuya antigüedad está próxima a los 230 Ma, fueron depositadas en un mar poco profundo del lejano Triásico superior y conforman la llamada facies Keuper, visible también en otros lugares del valle, asomando como un ribete bajo otros materiales más modernos. Que sean fácilmente deleznables ha favorecido que el hombre haya horadado cavidades artificiales en ellas, como en el caso de las casas cueva de las cercanías. A techo de estos materiales, y en fuerte contraste con ellos, aparece una espectacular disconformidad constituida por conglomerados y otros materiales siliclásticos con una potencia métrica. Siendo mucho más resistentes que los materiales inferiores, la erosión diferencial los ha modelado en forma de “coberteras”, dejando partes voladas, colgadas del vacio, al haber sido desmantelados los blandos sedimentos inferiores. La columna estratigráfica descrita conforma la última línea de terrazas colgadas dejada por el río en su trasiego milenario. La disposición horizontal de estos conglomerados nos indica que no han sido plegados, ni afectados por la Orogenia Alpina, y que su edad de formación, por tanto, ha de ser posterior a la de los principales empujes orogénicos que se dieron en esta zona. Efectivamente, las rocas de estas “coberteras” tienen su origen en los depósitos del Mioceno superior. Tenemos entre los materiales inferiores y los superiores un vacío temporal superior a los 200 Ma. Este hueco en la estratigrafía lo llenarían las calizas y margas jurásicas y cretácicas, que fueron elevadas por los empujes alpinos mediante movimientos cabalgantes sobre las dúctiles rocas del Keuper para formar las cumbres más altas de los alrededores.

Bajo un pequeño palmeral en El Molino.
Es por esta asombrosa geomorfología e historia geológica por lo que la Administración Ambiental de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia señala como Lugar de Interés Geológico (L.I.G.) al Valle del Segura entre Villanueva y Ricote, considerando que se trata de un recurso no renovable de carácter cultural y que forma parte del Patrimonio Geológico de la Región de Murcia.


Texto: José María Gómez Manuel.
Fotografías: Héctor M. Quijada Guillamón.

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